Gente de bien, de Franco Lolli (Competencia Oficial / Competencia de Cine Colombiano)

54d4e9e9683b1__GENTE-DE-BIEN-ninos-DEFUna nueva mirada sobre lo coloquial

Por Andrés Ernesto Jiménez Suárez

Como todo el mundo (2007) y Rodri (2012) son los títulos de dos cortometrajes que ahora pueden ser observados por muchos como la antesala a la ópera prima de Franco Lolli, uno de los siete nóveles directores que compiten en la selección de Cine Colombiano del FICCI y que parece proponer, incluso desde la realización de dichas obras durante su formación en La Fémis (Francia), una mirada sobre el cine que parece novedosa dentro de la habitual producción nacional.

Gente de bien (2014), que además compite en la muestra oficial iberoamericana, tuvo su estreno mundial el año pasado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y desde entonces no ha parado de recorrer grandes escenarios internacionales.

La madre de Eric, un niño de 11 años, decide irse indefinidamente de la ciudad y por eso debe dejarlo al cuidado del padre, un ebanista con el que el niño apenas parece tener un contacto esporádico. Debido a encontrarse en período de vacaciones escolares de fin de año, el niño debe acompañar frecuentemente a su padre a trabajar en la casa de una familia adinerada. Eric no puede evitar desear vivir en condiciones similares a las de ellos y la incapacidad de su padre para cumplir sus expectativas genera que la relación con él se vuelva aún más difícil.

Lolli es un director interesado en los dramas familiares y, si bien es cierto que en el largometraje retoma algunas situaciones ya desarrolladas en sus cortometrajes, aquí forman parte de un discurso más amplio acerca de los problemas de clase en la sociedad bogotana y nutren la construcción de ese universo que él parece haber recreado para sus películas. Y uso la palabra recreación porque el acercamiento naturalista a esta historia puede recordar el estilo de realización de los hermanos Dardenne.

El contexto en que ocurre esta historia es construido con mucho detalle, al punto de que logra ser un retrato bastante acertado de ciertos sectores de Bogotá (La Candelaria, San Cristóbal Sur y Teusaquillo, barrios tan familiares para la mayoría de los locales) y la idiosincrasia citadina contemporánea, sin otorgarles mayor o menor valor que el que puedan tener.

La narración audiovisual se caracteriza por una cámara en mano que observa insistentemente a los personajes actuando dentro de contextos precisos, lo que no significa que desaproveche la oportunidad de utilizar una planimetría de découpage que es explotada por un montaje dinámico. La dirección de actores es tal vez el mayor logro de esta película, pues los diálogos de sus personajes no son siempre elementos estrictamente informativos ni parecen tener una estructura rígida, sino que parecen obedecer a una interpretación muy espontánea que aprovecha las repeticiones, el uso ingenuamente retador de las malas palabras o el mutismo de los niños cuando son confrontados por los adultos para construir los personajes de los hijos con los matices propios de la preadolescencia o la necesidad de los padres por querer controlar lo que ocurre con ellos.

Son dos los personajes que parecen cargar con el mayor peso del discurso de este guion: Eric cree ingenuamente que los divertimentos y las posibilidades materiales que otorga el dinero aseguran la felicidad; mientras que María Isabel, la dueña de la casa (papel interpretado con gran precisión por Alejandra Borrero), alimenta esta ilusión compartiendo un poco de lo que tiene con Gabiel y su hijo, sin darse cuenta de que no es esto lo que necesitan para componer su relación. En ellos se encuentra una posición del autor que en lugar de dejar respuestas, plantea preguntas de orden ético, político y social.

Esta película se interesa por observar atentamente el comportamiento de sus personajes y es por esto que también logra capturar momentos que resultan graciosos y divertidos por lo auténticos que son, tal es el caso del baile de Eric con su padre en el patio del inquilinato o el brevísimo apretón de manos entre los dos niños cuando María Isabel les ordena reconciliarse por una infantil pelea. Son momentos de distensión que se ubican a lo largo de toda la película y que hacen ver desde la dirección un gran interés por lo que pueda suceder con el público.

Creo que con Gente de bien se instala una nueva operación formal que puede conjugar sin paternalismos la cultura popular (en un sentido de lo coloquial) y una dramaturgia que se adhiere a una tradición de historias mínimas. El tiempo dramático comprende las vacaciones de final de año durante la celebración de las fiestas navideñas y, sin embargo, aquí no hay ningún tipo de exotización de las costumbres correspondientes.  Creo que esta nueva mirada se presenta como una gran posibilidad para recuperar el interés de los espectadores colombianos por su cine, un cine que sea capaz de (re)presentar con dignidad y autenticidad la belleza de lo cotidiano, las novenas, los viajes familiares hacia pueblos aledaños, las mascotas familiares y todo lo demás.

Anuncios

Acerca de encuentroscartagena

Taller de Crítica Cinematográfica
Esta entrada fue publicada en IX Taller de Crítica y Periodismo Cinematográfico. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s