GABO, EL CRÍTICO

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Por Andrés Jiménez Suárez 

 ‘El cine y yo somos como un matrimonio mal llevado, no puedo vivir con él ni sin él’. Esta es la frase que acompaña una fotografía del escritor colombiano Gabriel García Márquez, con la que se ha promocionado una serie de eventos del 55° FICCI que quieren rendir homenaje a la memoria del Nobel y a su íntima relación con el séptimo arte.

Uno de estos encuentros ha sido el conversatorio Gabo, la crítica y cinefilia, el cual estuvo a cargo del reconocido crítico de cine y Jefe de Programación del Festival, Pedro Adrián Zuluaga, y el Subdirector Técnico de la Fundación Patrimonio Fílmico de Colombia, Rito Alberto Torres. Ellos han querido presentar al público una revisión histórica y un análisis actual de la producción del escritor como crítico de cine. El primero de este corpus de artículos que inicialmente fueron publicados por el diario regional El universal y más tarde por el periódico El espectador, se remonta al año de 1949 y, según Zuluaga, todos en conjunto pueden ser estudiados como una biografía intelectual del autor.

Torres ha recordado breves momentos del libro Vivir para contarla (2002), en donde son narrados en primera persona los primeros encuentros de Gabo con el cine y el asombro que le causaban las numerosas similitudes entre los escenarios de los westerns y su propio pueblo. Es así como nace esa relación descrita por él mismo como un mal amor y que luego lo llevó a incursionar en el campo de la crítica, inaugurando una larga tradición de reflexión y pensamiento teórico sobre la producción cinematográfica nacional.

Zuluaga describió el contexto cultural en el que surgieron estos artículos, el cual se caracteriza por ser un período de la historia colombiana en el que distintas polarizaciones afectaron profundamente el pensamiento artístico: tradición y modernidad, centro y periferia, alta cultura y cultura popular. Según Torres, la manera en que García Márquez entendía el cine está enmarcada en unas coordenadas tan específicas como el estreno mundial de las películas de De Sica y Rossellini, directores del emergente neorrealismo italiano. Estas obras influenciaron en gran medida el sentido humanista y los modelos de producción que el escritor deseaba para el cine colombiano y los criterios que utilizó para juzgar sus películas.

Asimismo, su trabajo reconoció que el cine debía ser un arte autónomo y no debía responder a concesiones de ningún tipo, sean estas morales, religiosas o políticas. Promovió la búsqueda de una identidad nacional en las películas, pues veía al hombre colombiano como un potencial elemento cinematográfico. Su crítica pretendió colaborar con la formación de la audiencia escribiendo de forma didáctica para los lectores de sus artículos e incluso se atrevió a gestionar y a promocionar la proyección de películas que él denominaba “de calidad”, es decir, cine arte.

Según Torres, García Márquez se rehusaba a producir textos reflexivos desde los lugares concedidos sin ningún costo a los periodistas; siempre pagaba su boleta y asistía a las salas de cine presenciando el hecho cinematográfico en compañía de la audiencia, cuya reacción eventualmente era descrita en sus columnas y le permitía observar del verdadero impacto que tenía.

Este conversatorio y Gabo, Cartagena y el FICCI, ha clausurado los debates que tomaron lugar en el Salón FICCI para honrar la memoria de tan grandioso escritor, cuya obra literaria, crítica y periodística es siempre una fuente de reflexiones que tendrán relevancia en los entornos político, social y cultural de nuestro país.

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Pedro Adrián Zuluaga: La cinefilia y la programación de festivales

5486701790_75df519c16_bPedro Adrián Zuluaga: La cinefilia y la programación de festivales

Por Camilo Villamizar Plazas

El oficio de la programación de películas no es extraño para Pedro Adrián Zuluaga, actual jefe de programación del 55 Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI). Su experiencia incluye la programación del desaparecido Festival de Cine “Sin Fronteras” y una edición del Festival de Cine de Barichara, así como la selección de películas durante varios años para el cineclub del Centro Colomboamericano de Medellín. Sin embargo, este es su primer año a cargo de la selección de películas del FICCI y la primera vez que, por la talla del festival, cuenta con el acceso y las posibilidades para proyectar algunas de las películas más importantes del cine latinoamericano y mundial.

Pedro llegó al FICCI por propuesta de Monika Wagenberg, directora artística de las últimas tres ediciones del festival y quien, tras su retiro a mediados del año pasado, dejó su puesto en manos de la reconocida productora Diana Bustamante. Ha sido con esta última con quien Pedro Adrián ha tenido que trabajar hombro a hombro para construir una lista de películas que fueran una grata experiencia. Se trata de un trabajo que él ve mucho más como una curaduría que una programación, pues ha preferido mantenerse al margen de las cuestiones más logísticas que tradicionalmente conlleva su oficio, tales como el pago de screening fees o el contacto con agentes de venta.

Como jefe de programación tuvo la responsabilidad de seleccionar junto con la directora artística del festival todas las películas que hacen parte de las secciones del FICCI, con la única excepción de las de cortometrajes y nuevos creadores. Así, durante los últimos 6 meses se ha dedicado a ver aproximadamente 550 películas de todo tipo, haciendo una selección cuidadosa que sea provechosa para el público y que tenga un alto nivel de calidad. Tanto así que como programador se ha permitido buscar películas que no estuvieran entre aquellas que llegaron a sus manos por medio de la convocatoria del festival y hacer contacto directamente con ellas, todo para garantizar la calidad de la programación.

Al preguntarle por la secciones del festival, Pedro Adrián se demuestra particularmente orgulloso de dos de ellas. Por un lado, la competencia oficial de ficción se ha destacado este año por incluir grandes títulos y por poner en un mismo contexto diferentes miradas arriesgadas sobre el cine. No es fortuito que películas tan distintas pero a la vez tan vanguardistas como Jauja, Ragazzi o Cavalo Dinheiro estén programadas en esa sección. La sección de cine de medianoche por su parte, piensa el programador, provee un tono más travieso y más transgresor al festival, siendo una sección pensada no para el cine de género, sino para aquellas películas que exploran maneras de abordar temas que usualmente seria tabú. Ejemplo de esto son títulos como Nova Dubai o Alléluia.

Es evidente que el interés de Pedro Adrián por la programación viene ligado a su profunda cinefilia, pues se trata de un oficio que le ha dado la oportunidad de ver muchas películas y de construir un criterio sobre ellas, labor que se complementa muy bien con su oficio de crítico en internet y en la revista Diners. Este trabajo le ha proporcionado varias alegrías y frustraciones, pues no siempre se pueden tener todas las películas que se desean, ya sea por desinterés por parte de los directores, compromisos previos de los largometrajes con otros festivales o simplemente porque no se logra un acuerdo con un agente de venta. Esto convierte el oficio del programador en una búsqueda constante, en una cacería de aquello que, según su criterio, el público debería poder ver.

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En el FICCI las universidades también están presentes.

11060302_793670707370223_8890402943868737140_n En el FICCI las universidades también están presentes.

Por Brayan Zapata

Mauricio Maldonado estudió  comunicación audiovisual y Multimedial de la Universidad de Antioquia. Su trabajo de grado “En busca de aire” hace parte de la selección de Nuevos Creadores en el FICCI 55. Estuvimos conversando con Mauricio sobre su trabajo  y su experiencia en el festival.

“Todo comenzó como un suicidio, yo me lancé a hacer un corto como trabajo de grado sin contar todavía con un equipo”. Así comienza Mauricio su historia,  con las dificultades de encontrar compañeros que se embarcaran con él en este proyecto. “En realidad, la Universidad era una excusa para hacer algo que yo deseaba hace mucho rato. Tal vez por eso me tomé el tiempo y la paciencia necesario para realizarlo”, confiesa. Y es que desde su gestación hasta su estreno en las Salas del Centro Comercial Caribe Plaza han transcurrido más de dos años.

Luego de encontrar el equipo necesario, Mauricio tuvo que enfrentarse a la presión y los obstáculos, que implica la academia; además de las dificultades de lograr la financiación de un proyecto del que económicamente no se esperaba ninguna retribución.

Afortunadamente la historia tiene un final feliz. Durante el taller de dirección de actores de Walter Rippel en Bogotá, Mauricio conoció a Jenny David, quien poco a poco se fue interesando en el proyecto hasta convertirse en su productora. Luego de seis meses, ahora con un equipo de dos, comenzaron a aparecer personas que voluntariamente le apostaron al proyecto, prestando su talento sin ninguna retribución económica.

“Fue muy bueno, pues mientras buscábamos al crew, que terminó siendo conformado por 15 personas sin contar los actores, me di cuenta que en mi círculo de amigos, había gente muy talentosa y encantada con la historia. Esto de verdad me animó muchísimo”, cuenta.

Mauricio, aclara que su trabajo no es un corto postapocalíptico, ni de ciencia ficción, y que el contexto de su drama futurista, solo es una excusa para explorar la relación de sus protagonistas.

“Pasar a Cartagena fue realmente una sorpresa. Aún no teníamos corte final, pero sabíamos que queríamos estrenar aquí y nos arriesgamos a enviar un corte en proceso. Aunque Nuevos Creadores parece ser el patito feo del festival y la sección con menos visibilidad, sigue siendo Cartagena… un sueño cumplido“, responde el director al preguntársele sobre su selección en esta categoría.

“Ahora quiero olvidarme de esto, para comenzar otros proyectos”. Así responde Mauricio, antes de despedirse para ver por primera vez su trabajo en una sala de cine.

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La crítica sigue más viva que nunca

imagesLa crítica sigue más viva que nunca

Por Brayan Zapata

“El foro (de internet) acabó con el crítico de cine” decía Joel del Río, parodiando la canción Vídeo kill the radio star, al abrir el conversatorio ¿Para qué los críticos? Reconocidos críticos se dieron cita en Cartagena para hablar del futuro de la profesión en la era del internet y las redes sociales. La sesión contó con la presencia de Meredy Broody, crítica de Indiewire; Diego Batlle y Diego Lerer del sitio web Otros cines de Argentina, Michael Pattison, crítico de The Guardian, Ivonette Pinto, directora de la revista Teorema y Joel del Río  crítico en la Jiribilla.

“Mucha gente piensa que la crítica de cine es un oficio del siglo XX, que va a desaparecer; yo no lo creo así, para mí la crítica continuará, lo que va a desaparecer es el ensayismo cinematográfico. La verdadera crítica, por el contrario, es cada día más necesaria”, inició el el cubano Del Río el conversatorio, desarrollado en el salón Rey del Centro de Cooperación Española de Cartagena.

La estadounidense Broody fue menos optimista, al hablar de que el internet y la democratización de los medios le quita  cada vez más importancia a la crítica. Para Broody, la cantidad de gente escribiendo sobre cine  gratuitamente y por gusto, provoca que la crítica, como oficio profesional, sea cada vez más innecesaria.

Batlle, por su parte, afirmaba que la democratización que trae consigo internet no es del todo negativa, sino, que por el contrario, brindaba al crítico una cantidad de información con la que antes no contaba.

“El cine sigue siendo masivo. Hay espacio para los distintos tipos de cine”, afirmó. Lo que sí aceptó el crítico argentino es que cada vez es más difícil trabajar sólo cómo críticos. Cada vez más profesionales compaginan su faceta como crítico,  con la docencia o la programación de festivales. “Pero esto no es el apocalipsis, el purismo se va perdiendo, pero la crítica de alguna forma se va adaptando”, terminó diciendo Batlle.

“El internet de cierta forma rescata la atemporalidad del cine, las películas siguen existiendo después de que salen de cartelera; por eso la crítica también se hace atemporal”, agregó Del Río.

Lerer afirmó que la clave está en acceder y acoplarse a los diferentes nichos que permite diseccionar internet. “Cada uno puede encontrar su sección de crítica en vídeo, y usar otras herramientas como la crítica en vídeo, usando el texto audiovisual. Y no se trata de una selfie, sino de ensayos audiovisuales mucho más interesantes”, sostuvo.

Los cambios con la llegada de internet no afectan solo a la crítica cinematográfica, aceptaron todos los críticos invitados, sino a todas aquellas producciones relacionadas con la cultura.

Pinto afirmó su apoyo a una crítica más reposada y reflexiva apoyada por la academia. “Yo trabajo en una revista semestral, no se tiene el compromiso de la instantaneidad. No me preocupo, porque además soy docente y eso ayuda a mantenerme económicamente hablando”, dijo la académica y crítica brasilera.

Si bien se tiene una añoranza por la importancia que tuvieron las grandes y míticas figuras de la crítica de décadas pasadas, la crítica como lo demuestra el conversatorio está lejos de desaparecer. Si bien, se enfrenta a cambios importantes, y a grandes retos. También cuenta con nuevas herramientas para lograrlo al alcance de la mano.

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Cine e inclusión

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Por Karen González Alvarado

 El cine ha sido tomado como recurso de incentivo cultural en territorios vulnerables de violencia,  sociales y económicos. Estas zonas alternas no han tenido la posibilidad de tener un acercamiento cultural al no contar con educación o la falta de recursos. En el panel de Cine, Política e Inclusión,  se reunieron gestores culturales y productores, que trabajan por la integración de una comunidad por medio del cine uniendo factores de preservación, cultura, memoria y espacio.

 Participaron Álvaro Ruiz, representó al archivo audiovisual de Montes de María, una zona con un pasado trágico por el conflicto armado  que ha venido desarrollando un rescate de agentes culturales en la región, logrando de esta manera el registro de archivos audiovisuales; Tatiana Villacob, productora del documental “Las últimas vacaciones”, realizado en Buenaventura, una ciudad marcada por la cultura afrodescendiente con gran registro de violencia e inseguridad; Juan Camilo García, director del cortometraje”Ombligados en Jurubirá”, teniendo como idea principal registrar las tradiciones afro de Jurubirá, ayudando de está manera en la creación de un cine club para la comunidad como manera de inclusión social, y la Fundación Conéctate Caribe, representada por Lester Trouchon, que dictó un foro de cine accesible para sordos, llevando a cabo registro visuales de las posiciones de los niños.

 En el panel se discutió la manera de trabajo de cada uno, tomando así la importancia por generar otra audiencia alterna con un sentido más consciente de sus condiciones sociales y culturales que pueden ser representadas por el cine.

 El FICCI Sobre Ruedas, expande el festival en barrios de Cartagena, con las proyecciones de cortometrajes, documentales y películas de ficción, con la intensión de llevar el festival a otros lugares.

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Entrevista a Felipe Cano Ibáñez, director de La semilla del silencio

54d4ed092aab1__La_Semilla_Fotos_Andres_Parra_ArmaEntrevista a Felipe Cano Ibáñez, director de La semilla del silencio

 por David Rendón

  El director de series de televisión como Lady, la vendedora de rosas, Palabra de ladrón, El Laberinto de Alicia, La prepago y Corazones blindados, y  ganador del premio India Catalina a Mejor Director de Series en 2012 incursiona en el cine con La semilla del silencio, su primer largometraje.

 Vienes de un importante camino en la televisión ¿Cómo es ese cambio de lenguaje?

 Hay que tomarse el tiempo para entenderlo y saber que uno va a afrontar el cine como otra cosa, pero siento que la búsqueda que he hecho yo desde la televisión siempre ha estado impulsada hacia lo cinematográfico, y acá (en el cine) te encuentras con una ventaja grande que es contar con unos tiempos más holgados para poder hacer las cosas. Me pude rodear con un equipo artístico y técnico que ya había hecho cine y recibir mucho su feedbak para ver como íbamos a afrontar las cosas. Yo siento que el cambio se hizo bien y le agradezco mucho a la tele todas las enseñanzas que me dio para poder hacer mi primera película.

 ¿Cuáles son las sensaciones encontradas desde el guión que te interesaba transmitir?

 El miedo a ser asesinado, que es lo que le pasa al personaje. Cómo alguien que se dedica a la búsqueda de la justicia y de la verdad vive con ese miedo a terminar su vida, pero aún así, eso mismo le da el empuje para seguir adelante y seguir buscando la verdad. También está el viaje, el thriller; viajar como un investigador dentro de la película, descubrir las pistas, las trampas y las peripecias de los personajes.

A propósito del thriller, ¿Inscribes la película totalmente dentro del género? ¿Cuáles son tus referentes?

Sí, yo creo que es una película de género…. Tengo varios referentes realmente; está Elia Kazan, que es un director que se basó en la dirección de actores durante toda su carrera y casi que ni miraba por un monitor, sino que dirigía como en una obra de teatro. Es uno de mis referentes para la puesta en escena, pues yo trabajo mucho con el actor. En cuanto al thriller, están los clásicos puros y duros pero no quiero ahondar mucho eso porque sería como lo típico, pero hay un thriller que a mí me llama mucho la atención y es “El secreto de sus ojos” de Campanella. Creo logra ser una película de género que lo lleva a uno tal vez por otros géneros al mismo tiempo durante su proceso. “El secreto de sus ojos” fue un referente para mí, para saber que quería contar.

 ¿Cómo te sientes con esta inmersión en el cine? ¿Quieres seguir haciendo cine, televisión, o ambas?

Quiero hacer las dos cosas, y por el momento parece que todo va bien con esa idea. Tengo tres proyectos de cine que están en el escritorio y listos a salir, también el FICCI ha ayudado un montón a que otros proyectos cinematográficos vengan a la mesa. Por otro lado, la televisión siempre va a estar ahí en mi vida, ahorita arranco otro nuevo proyecto de televisión, y cuando lo acabe la idea es rodar otra película. Pero sí, quiero hacer las dos cosas, creo que se pueden complementar muy bien en la vida de un director.

 ¿Cómo ves las relación de la televisión y el cine en el medio colombiano? ¿Qué le puede enseñar lo uno a lo otro y cómo se relacionan?

El cine le puede enseñar a la televisión que unos tiempos de producción más amplios hacen que el proyecto sea mucho más interesante, con mucha más calidad. Además, le puede enseñar el cine a la televisión que respetar los tiempos actorales de la puesta en escena, las pausas, los silencios, también es muy interesante. La televisión en lo que nos ayuda, en el proceso contrario, es que los directores que trabajan en televisión pueden ser de gran ayuda para sus productores, porque uno trabaja a un ritmo y sabe cuáles son los recursos que realmente necesita. Por ejemplo, yo no pido una grúa para tenerla parqueada las cinco semanas de rodaje y ver cuando la uso, sino que desde la preproducción ya sé exactamente para qué la pedí y en qué la voy a necesitar, o sea que la televisión te trae como ese entrenamiento en la optimización de los recursos.

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Entrevista a Daniela Abad, co-directora de Carta a una sombra

54ef52cbbbcf5__8Entrevista a Daniela Abad, co-directora de Carta a una sombra

“EN EL FONDO CREO QUE ERA UNA HISTORIA NECESARIA”:

Carta a una sombra es la ópera prima de Daniela Abad y Miguel Salazar, dos jóvenes directores que nos presentan una película íntima y conmovedora que – inspirada en el famoso libro El olvido que seremos – reconstruye el retrato de Héctor Abad Gómez, médico, académico, defensor de los Derechos Humanos y también padre, esposo, abuelo y amigo que fue asesinado en 1987 a causa de su activismo social.

En diálogo con Abad (nieta de Abad Gómez), pudimos conocer un poco más acerca del proceso de realización de la película y de su estreno mundial en la actual edición número 55 del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI).

¿Qué fue lo más difícil de hacer en este documental, siendo parte de la familia del protagonista y abordando episodios tan trágicos?

Realmente fue un proceso muy bonito, no me pareció duro, me parece dura la historia, duro para mi familia, pero en el fondo creo que era una historia necesaria, algo que yo les debía a ellos. Me han dado muchas cosas y es bueno poderles devolver por lo menos algo de todo lo que ellos han hecho por mí. Fue una forma de reconocerlos y de conocer a un abuelo al que no conocí. Tuvimos el apoyo de mucha gente, principalmente de Caracol TV. Es muy difícil hacer películas, pero en esta en particular, creo que no nos podemos quejar, es una historia que mucha gente quiso apoyar.

¿Cómo se conoció con Miguel y en qué momento deciden trabajar juntos en “Carta a una sombra”?

Miguel empezó este documental inicialmente con unos holandeses. Yo estudiaba en ese momento cine en Barcelona y había venido para las vacaciones a Colombia. Para ese entonces ellos estaban grabando unas imágenes en Medellín y yo les ayudé a coordinar algunas cosas de rodaje. Así nos conocimos Miguel y yo. Ambos nos dimos cuenta que la cosa con los holandeses no terminaba de cuajar. De hecho la relación entre ellos y Miguel se rompió. Fue así que decidimos unir fuerzas y trabajar juntos en el proyecto, una vez yo hubiera acabado la universidad.

¿Cuál considera que fue el aporte fundamental de la codirección para el resultado final de “Carta a una sombra”?

Fue fundamental hacer una codirección. La mirada más objetiva de Miguel permitió que mi mirada íntima no llegara a ser demasiado edulcorada, y viceversa. La mirada íntima ayudó a que la película fuera más cercana, más familiar y no tan política como podía llegar a ser.

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¿Cómo llevaron a cabo el trabajo con el material de archivo?

Teníamos un material de archivo muy amplio. Sobre todo en lo que respecta el archivo familiar. Más o menos unas cien horas de cassettes y muchísimas fotos. Las imágenes en video no eran tantas y fue menos difícil su selección. Durante varios meses oímos y transcribimos las partes más importantes de esos audios dejando, por así decirlo, un registro escrito de cada uno de ellos que luego facilitaría la selección. Una de las tantas cosas que me enseñó Miguel, fue que cuando tienes algo escrito puedes manipularlo y revisarlo con mucha más facilidad. Con respecto a las fotos, yo las escanee casi todas y luego fuimos seleccionando junto al editor las más apropiadas para la película. También usamos el archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto en Medellín, que tiene un archivo muy amplio y bonito; recurrimos a los periódicos El Mundo y El Colombiano y usamos algunas fotos de Jorge Obando, que a Migue y a mí nos gustan mucho.

¿Cómo fue el trabajo con los textos que Héctor Abad Faciolince narra a lo largo del documental? Cierto correlato que se establece entre el documental y la obra de Abad Faciolince es intencional, ¿fue concebido desde el inicio del documental?

Seleccionamos los fragmentos del libro que nos parecían más bonitos, los que más nos gustaban y además los que hacían de alguna manera avanzar la historia. Muchas veces el libro nos ayudó a explicar cosas que las entrevistas no decían con tanta claridad y belleza. Luego simplemente grabamos esos audios leídos por él y fuimos ordenándolos según la estructura narrativa que teníamos pensada.

Teniendo en cuenta que se formó en la ESCAC, y considerando la tradición de documental de autor que existe en Barcelona, ¿qué elementos de dicha concepción considera más importantes y cómo han afectado su obra, especialmente “Carta a una sombra”?

Realmente yo no estudié dirección documental en la ESCAC, siempre me ha gustado mucho la ficción y esta fue la rama en la que me centré. Sin embargo, no creo ya tanto en esa distinción entre documental y ficción, de hecho lo que más me gusta en el cine es cuando no se sabe muy bien si lo que estás viendo es un documental o una ficción. Porque en realidad no tiene mucha importancia, lo importante es contar historias. El estudio de la dirección de ficción me ayuda a ser, creo, más perfeccionista y muchas veces eso en el cine ayuda a que las cosas salgan mejor. La ESCAC me enseñó muchísimo de lo que sé, le debo a la escuela la mayor parte de mi conocimiento técnico.

¿Cuál es su opinión sobre el estado actual de la producción y difusión del documental en Colombia?

D.A.: Vivo en Colombia hace muy poco y realmente no estoy muy enterada de esto. En líneas generales el público del documental es más reducido, creo que a la gente le da pereza ver documentales porque no tienen mucho conocimiento de lo que son. Siempre piensan que se reducen a documentales de animales tipo Discovery Channel. Poco a poco ha ido cambiando esta idea, hay más público ahora para el documental, una prueba de esto es que ya algunos documentales hayan empezado a mostrarse en salas. Antes esto era impensable.

¿Qué impresión tiene del FICCI y qué significa haber estrenado “Carta a una sombra” en él?

Estar en el FICCI fue una experiencia inesperada y muy emocionante. Me encantan los festivales de cine, me gusta ver que la gente madruga para ir a verse una película. Creo que somos muy afortunados de estar aquí. Me emocionó mucho ver, por ejemplo, que Diana Bustamante, la directora del festival, se emocionara y llorara con nuestra película, muestra que realmente quién está detrás del festival es alguien que ama profundamente el cine y le tiene cariño a las películas que seleccionó, cree en ellas y eso es fundamental.

Nicolás Orlando Quiñones Díaz

Taller de Crítica y Periodismo Cinematográfico (Encuentros Cartagena)

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